Hiruki  Estudio. Galeria. Creperia

La idea de montar un negocio como Hiruki llevaba tiempo rondando por mi cabeza. Siempre había tenido ganas de tener un negocio «diferente» y mi ciudad, Irun —ni muy grande ni muy pequeña—, era perfecta para un concepto así. Algo innovador pero que no fuese demasiado excéntrico para una ciudad “sencilla”.  Una ecuación complicada pero no imposible.

“Siempre había tenido ganas de tener un negocio «diferente» y mi ciudad, era perfecta para un concepto así”

Montar una crepería (y gofrería) era la idea base. El comercio del País Vasco Francés —que tan cerca quedaba de mi casa, a escasos 20 km—, siempre ha sido una gran inspiración y en mi ciudad no había nada parecido, así que la parte gastronómica del proyecto la tenía bastante clara. Mi pueblo esta lleno de cafeterías pero todas con el mismo servicio, cafes, chocolates y el típico Croissant. 

El local que encontré en la Calle Santiago, casco viejo de mi ciudad, se prestaba muy mucho a montar algo así. Casas bajitas típicas vascas y ambiente muy familiar en un barrio tranquilo y agradable. Además está muy cerca de la frontera, lo que permite que el tráfico de gente sea parecido al del centro de la ciudad. Y eso me pareció una ventaja.

Una vez que estaba claro el negocio principal, había que pensar la forma de rellenar huecos, sacar provecho a las horas menos productivas del día y complementar el proyecto con algo que además llevase mi sello. La primera ecuación que se planteó en mi cabeza fue la de intentar vincular mi nuevo proyecto a mi profesión. De ahí surgió la idea de que la crepería fuera también un pequeño estudio de diseño. Así que una vez que el negocio se hizo realidad, me vi muchas veces diseñando y con el delantal puesto. No tuve más que buscar una zona recogida, colocar mi ordenador y conectarlo al wifi del local. Es la suerte que tenemos los diseñadores gráficos, que podemos trabajar en cualquier sitio, incluso en una crepería.

Una Creperia-Estudio ya era algo fuera de lo común, pero yo quería darle una vuelta mas al proyecto, así que decidí construir un puente entre ambos negocios. Algo que los uniera y complementara. Inmediatamente mi relación con la música y el arte me llevó a pensar que ahí estaba el tercer vértice de mi proyecto. 

“Me vi muchas veces diseñando y con el delantal de cocina puesto”

Una Creperia-Estudio ya era algo fuera de lo común, pero yo quería darle una vuelta mas al proyecto, así que decidí construir un puente entre ambos negocios. Algo que los uniera y complementara. Inmediatamente mi relación con la música y el arte me llevó a pensar que ahí estaba el tercer vértice de mi proyecto. 

Llegó el momento de darle nombre a todo esto, y aunque en un principio barajé la posibilidad de llamarle «La Crepería Gráfica» finalmente decidí buscar algo sonoramente más de mi tierra, y que además, hiciese referencia a la cantidad de ideas que comprendía el espacio. Realmente mi triangulo ya tenía nombre, solo había que descifrarlo. Hiruki significa triangulo en Euskera. Es una palabra sencilla aún perteneciendo a este idioma de tan complicada pronunciación. Es concisa, agradable al oido, con cierto aire a mi querido Japón, y además hace referencia al número tres. Si eso no fuera poco, el local estaba situado frente a la Plaza del Triángulo. Invitaciones a todo el barrio y a inaugurar.

Los zumos con nombre de grupos de música que preparábamos se convirtieron rápidamente en la seña de identidad del local. Los productos artesanales de la zona que comercializabamos también ayudaron a enriquecer la clientela. Una vez que todo estuvo en marcha, instalamos una zona de libros de diseño, cómics y fanzines y organizamos clases de plástica para los niños en las mañanas de verano. No fueron pocos los conciertos, los cuentacuentos y las diferentes actividades que gestionamos durante aquella época.

“Hiruki significa triangulo en Euskera. Es una palabra sencilla aún perteneciendo a este idioma de tan complicada pronunciación. Es concisa, agradable al oido, con cierto aire a mi querido Japón, y además hace referencia al número tres.”

Dicen que teníamos la terraza más bonita del pueblo y que durante mi reinado el barrio fue más feliz. Creo que fue en aquel momento cuando decidí traspasar el negocio para poder seguir con mi trabajo como diseñador, mi verdadera  pasión. A los pocos días, compré una nueva libreta para empezar de cero con un nuevo proyecto.

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